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Mediumnidad es el conjunto de facultades que permiten al ser humano, comunicarse con el mundo espiritual. Es inherente al hombre y por tanto le es privilegio exclusivo, sin embargo este calificativo se aplica sólo a aquellos en que se manifiesta facultad mediúmnica.
El fluido periespiritual es el agente de todos los fenómenos espíritas; estos fenómenos no pueden operarse sino por la acción recíproca de los fluidos emitidos por el medium y el espíritu.
El desarrollo de la facultad mediúmnica depende de la complexión más o menos expansible del periespíritu del medium; y su asimilación más o menos fácil con el de los espíritus.
La predisposición mediúmnica es independiente del sexo, de la edad, del temperamento; se encuentran mediums en todas las categorías de los individuos, de jóvenes a viejos.
Las relaciones entre espíritus y médiums se establecen por medio del periespíritu; la facilidad que existe en estas relaciones depende del grado de afinidad que haya entre los dos fluidos: Los hay que se asimilan fácilmente y otros que se repelen; de lo que deducimos que no basta ser medium para comunicarse indistintamente con todos los espíritus; hay espíritus que no pueden comunicarse con determinado medium, y otros que sólo lo consiguen por una transmisión de pensamientos con manifestación interior.
Por la asimilación de los fluidos el periespíritu se identifica, por decirlo así, con la persona que quiere influir; no solamente le transmite el pensamiento, sino que puede ejercer sobre ella una acción física y hacerle obrar o hablar a su voluntad, hacerle decir lo que quiere, en una palabra, servirse de sus órganos como si fueran suyos, y puede en fin, neutralizar la acción de su propio espíritu y paralizar su libre albedrío. Los buenos espíritus se sirven de esta influencia para el bien, los malos para el mal.